Angustias escuchó un sonido cuyo origen no lograba
identificar. Recorrió las estancias del hogar sin encontrar radio, televisión
o dispositivo electrónico que fuera causante de esa extraña cadencia. Nacía el
otoño y en aquel lugar aún soplaba el viento fresco que hacía inútil la pericia
de profesionales de la peluquería, de lacas y demás aquieta cabellos.Con Eolo llegaba , cíclicamente, la revoltura y ella lo
había asumido tiempo atrás. Era el momento de dejar libre pensamientos, deseos
y sensaciones.Ya llegaría el invierno para canalizar ansias y especulaciones a
través de horarios y cauces oficiales. Pero ahora tocaba airear la vida.No
esperaba esa banda sonora tan enigmática pero la aceptó pues había aprendido que cada época y
acontecimiento requiere de un acompañamiento musical diferente; así reconocía e
incluso esperaba el llamado momento allegro o adagio según el ritmo de la
naturaleza, adosando los calificativos" ma non troppo" o
"assai" según el grado de aceleración del mismo. Abrió el balcón del
dormitorio principal y observó el edificio a medio construir en frente de su
vivienda, parapetado tras unos andamios cuyo esqueleto lo componían sólidos
tablones y tubos. Echó una segunda mirada, pues estimaba que no era prudente
quedarse con la primera impresión y al fin comprendió. Los cilindros del
andamiaje no estaban cerrados y el aire, al traspasarlos sembraba armonía en
aquella plácida urbanización. Angustias sonrió, como siempre que comprendía lo
ignoto, y se dispuso a disfrutar del improvisado instrumento que, generoso
socializaba su melodía. Agradeció el concierto inesperado, saboreado desde su
palco particular , deseando intensamente que las sorpresas que deparara la
estación de las castañas y el mosto fueran igual de placenteras que aquel
exquisito juntar de notas. La maravillosa música se escuchó en aquella calle
tranquila mientras fue habitada por andamios sonoros. Buena semana.
domingo, 10 de noviembre de 2013
LA HORMIGA QUE REFUTÓ EL CATACLISMO
Angustias se despertó somnolienta aquel domingo; ambos
(mujer y día teóricamente de asueto) estaban envueltos en una ligera bruma. La
zona se hallaba inmersa en una ola de calor y el viento del sur envolvía el
lugar con un tul terroso. Para lograr bajarse al mundo con cierta dignidad,
Angustias se dirigió a la piscina de la urbanización. Ese día debía
cruzar la mitad de la isla para recoger en el aeropuerto a unos colegas y
posteriormente acudir a una reunión de trabajo, a pesar de ser festivo. Su
familia estaba de vacaciones en Granada (a donde acudía cada año para estrechar
lazos familiares) y a ella le tocaba, una vez mas, retrasar el viaje a sus
raíces granadinas y lidiar en la negociación de un importante contrato para su
empresa. Angustias llegó a la zona ajardinada donde reinaba el rectángulo
líquido azulado, y notó algo inusual: era las 10 de la mañana y no había absolutamente
nadie en el recinto, no se oía sonido alguno y hasta el viento se había
ausentado. Aun medio dormida divisó los balcones que se alzaban en torno al
lugar y .... nada. Parecía como si el mundo hubiera desaparecido. Su mente
creativa, aunque aún coqueteando con Morfeo, armó una explicación que, dada su
configuración matemática, cuadrara las premisas de las que disponía:la
conclusión era que la vida se había acabado. Mejor dicho los seres vivos del
planeta, a excepción de ella, por una extraña razón, habían desaparecido en el
transcurso de la noche. Y el caso es que cada paso que daba confirmaba su
razonar: ni rastro de vida alguna, ni siquiera de la mas mísera.Siguiendo el
dictado de su temperamento moderado decidió darse un chapuzón (convencida de
ser la única superviviente de la Tierra) para afrontar la nueva
situación........... al menos mas fresquita. Haciendo gala de su formación
científica polivalente, mientras nadaba, estudiaba las consecuencias de su
hipótesis que consideraba casi verificada. Descansó tras cubrir 25 metros de
brazadas cuanto sintió un leve pinchazo en la mano derecha que echó por tierra
todas sus especulaciones, ahora ya definitivamente falseadas: una hormiga se
paseaba diligente por el dorso de su mano, a la búsqueda del alimento del
próximo invierno. La hormiga... la prueba que refutaba su teoría.........había
al menos otro ser vivo en aquella mañana en la que el mundo era brea licuada y
Angustias se había entregado, como solía, a dotar de emoción el mas anodino
momento; hacía tiempo que había descubierto esta manera de construir momentos
apetecibles, sobre todo cuando tenía que enfrentarse a instantes de máxima
tensión. Aplastó la hormiga, the end, de su película matinal, y con la firme
intención de arrostrar la jornada laboral, se repitió aquello aprendido en
cierto libro que afirmaba "donde termina el árido desierto, crece la verde
vegetación".Y allá se fue a transitar por el yermo erial para arribar,
segura, a un refrescante oasis.Buena semana.
EL PAQUETE DE KRUGER, UNA PÍLDORA PARA LA MEMORIA
Angustias entró en el bar, como era habitual, a la
hora de la partida de dominó de los cuatros viejos que acudían puntuales a la
cita diaria, si bien venían acompañados por algún familiar que les recogía dos
horas mas tarde. Así acontecía desde que ellos podían recordar, lo cual no era
mucho decir porque el olvido, sobre todo de lo inmediato, campaba a sus anchas
por las mentes de estos adictos a las piezas de puntos
negros.Todos eran septuagenarios y en la mesa, junto a las fichas, había una
botella de agua con la que se llenaban los vasos que constituían el único
líquido permitido a los abueletes y que ellos degustaban como si fueran
exóticos daikiris. Ah, sí, había también un paquete de kruger, a pesar de que
ninguno fumaba. Angustias recordaba su etapa de fumadora siempre de tabaco
rubio aunque hubo algún que otro coqueteo con los cigarrillos negros tras
rendir pleitesía a las placenteras demandas de Eros. La película Smoke
compartía su banda sonora con una parte importante de su juventud.
Transcurridas dos décadas sin fumar ella afirmaba: "Soy de las
arrepentidas pero no de las fundamentalistas" e incluso confesaba que aun
se sentía embriagada por el olor del tabaco en pipa . Se deslizaba la tarde con
la cotidiana y sana monotonía habitual cuando su vecino Alberto se acercó al
local para encontrarse con su padre; recién había aterrizado en la isla para
pasar una semana con su progenitor; ya hacía tres meses desde la última vez que
padre e hijo compartieran tiempo y techo pues el trabajo del joven le mantenía
ocupado en otra zona del país. Una vez traspasada la puerta de la tasca, al
contemplar el paquete de kruger junto al vaso de agua, a medio llenar de su
padre, Alberto preguntó a Celedonio, dueño del bar, si su viejo había vuelto a
fumar esos característicos cigarros negros cuyo olor le transportaba a su
niñez. El gesto de Celedonio al contestar se vio interrumpido en su respuesta
porque los kruger fueron a parar al jugador de la derecha del padre de Alberto,
una vez que el anciano hubo colocado una ficha. Alberto no entendía nada,
máxime cuando observó que el paquete de cigarros estaba sin abrir. Fue
Celedonio quien, aguantando la risa, le explicó que, debido a que la memoria se
les iba y venía a estos ludópatas del dominó, habían acordado un truco para
saber a quién le correspondía tirar: una vez que se depositaba la ficha había
que situar el paquete de Kruger en el lugar del jugador que tenía el turno. Por
eso Celedonio guardaba cada tarde, desde hacía dos meses, junto a la caja con
las fichas del dominó, un paquete de kruger sin abrir.
Angustias pensó que esto también era realismo mágico como el de Cien años de soledad y se tomó con una sonrisa su cortado de leche y leche y la vida de esa tarde en el bar al que llamaban el quitapenas .Buena semana.
Angustias pensó que esto también era realismo mágico como el de Cien años de soledad y se tomó con una sonrisa su cortado de leche y leche y la vida de esa tarde en el bar al que llamaban el quitapenas .Buena semana.
LA PITÓN: ¡JODIDO ANIMAL, YA ERA HORA DE QUE ME DEJARAS TRANQUILO!
Angustias
tomaba su té blanco de manzana mientras leía el periódico.Era una mañana de
canícula que amenazaba derretir el alquitrán de las carreteras. Mientras
dirigía su mirada al kiosko modernista que estaba en la acera opuesta observó
que una mujer regresaba del mercado tirando del carro, objeto, durante un
tiempo denostado pero que había vuelto a a ser fiel compañía a la hora de
ir a la compra desde que se empezó a cobrar las bolsas.Angustias contemplaba la
figura madura cuando la señora fijó la mirada en lo que creía la cola de un
perro que se revolvía entre las plantas a su derecha pero que en un santiamén
se presentaba como una culebra inmensa que la escrutaba desafiante en una
posición de contorsionista experimentada. Soltar el carro, gritar, dar unos
pasos hacia atrás, volver a chillar, levantar los brazos, fueron secuencias que
parecían sucederse casi simultáneamente. No pasaron diez minutos cuando se
había congregado un grupo de curiosos, opinadores y expertos en hablar de nada
en torno a aquel bicho que se atrincheraba en un lateral del parterre en el que
se había quedado enganchado. LLegó la policía gracias a que el móvil y el
sentido común de la dueña del estanco que se encontraba en el lugar, pudieron
mas que la necia, por paralizante, curiosidad del resto. Dos horas mas tardes,
tras el arribo de las autoridades municipales y después del lexatin de 1,5 mg
que fue ingerido por la señora aterrorizada y que había vuelto a agarrar el
carro, la situación pareció aclararse: el animal era una serpiente pitón que
convivía con su dueño, un muchacho de 20 años, la madre del chico y el abuelo,
que tenía perdida la cabeza dado lo avanzado de su edad. Fue precisamente este,
harto de que el bicho se paseara a sus anchas por el salón quien, en un
arrebato de inconsciencia consciente, lanzó al ofidio por la terraza del cuarto
piso donde vivía la familia de acogida del reptil. El problema era que el
áspid, que la madre llamaba Encarni porque el hocico le recordaba a una prima
de igual nombre , carecía de identificación oficial porque su dueño no se
encontraba en el país al estar de vacaciones en un paraje lejano y los
documentos que acreditaban la legalidad de la estancia de la sierpe en el
cuarto piso de 60 metros cuadrados, estaban en paradero desconocido, dentro de
los intrincados confines de la habitación del joven.. Así que Encarni, que en
realidad se llamaba Ángela (en recuerdo de un amor del joven propietario) pasó
a estar a buen recaudo en las dependencias del Estado, como correspondía, según
la triste legislación vigente de los países desarrollados, a los sin
papeles.Cerca de allí, desde el balcón de un cuarto piso, una figura desgarbada
sonreía al tiempo que decía entre dientes: "¡jodido animal, ya era hora
que me dejaras tranquilo!."
Angustias mientras hacía a un lado los restos de la tercera taza de té, acompañamiento del improvisado espectáculo y reconvertido en aguachirles tras tanta colaciones, pensaba que una vez mas la Fantasía había sido superada, con creces, por la Realidad.Buena semana.
Angustias mientras hacía a un lado los restos de la tercera taza de té, acompañamiento del improvisado espectáculo y reconvertido en aguachirles tras tanta colaciones, pensaba que una vez mas la Fantasía había sido superada, con creces, por la Realidad.Buena semana.
EL PRIMER AMOR O CÓMO IDEALIZA EL RECUERDO LO QUE UNA VEZ OCURRIÓ
Angustias subió las escaleras del pequeño avión y ante
la petición de la azafata ´para que los pasajeros pasaran hacia los asientos
delanteros, optó por sentarse junto a una de las salidas de emergencia, justo a
continuación de la cabina del piloto.Una auxiliar se le acercó y amablemente le
preguntó si había ocupado ese puesto alguna vez y tras obtener una respuesta
negativa le entregó a Angustias un folleto explicativo donde se detallaba en
dos idiomas las condiciones y responsabilidades de quien ocupara ese lugar
durante el viaje. En caso de no cumplir los requisitos o de no sentirse capaz
para asumir el compromiso que se le pedía, se rogaba que se pusiera en contacto
con cualquier miembro de la tripulación que le asignaría, de inmediato, otra
acomodación.Angustias se consideró apta para tal cometido y devolviendo la
cartulina plastificada bilingüe, pensó que era la primera vez que le ocurría
esto.
Y ya se sabe cómo es la mente, que encadena una palabra con otra y ya se veía Angustias en otra primera vez, en otro cielo que no era el que en ese momento surcaba y sobre unas nubes que distaban mucho de parecerse a las que sobrevolaba en ese momento en su asiento de responsable virtual: se encontraba en el séptimo cielo, en el reino del primer amor.Y allí estaba él, Jacinto, con los ojos rasgados, oscuros, alegres, la expresión saltarina y la sonrisa interminable.Y allí estaba ella, Angustias, riéndole y riéndose en aquella tarde de otoño, a la salida del instituto, a la salida de los 14 años, y a la entrada en lo que ya no era la Educación Obligatoria y que después se llamaría Secundaria, y a la entrada en las turbulentas aguas dominadas por Eros. Confirmando un tópico tras otro, su amor de quince años le produjo mariposas en el estómago, temblores que se expandían más allá del aparato digestivo, desamor, pasión, celos y tras veinte años ( que dicen que no es nada, pero que son veinte años) de fidelidad solo platónica, la consabida decepción cuando Jacinto dejó el mundo de las ideas y se hizo carne.Angustias se dio cuenta de cómo mejoraba el recuerdo la realidad y aún rememora la noche en la que soñó cómo cerraba la puerta a un Jacinto con pullover verde que se quedaba perplejo al recibir un delicadísimo portazo (ella siempre tuvo estilo) de su fiel admiradora.
Acabado el trayecto aéreo sin la necesidad de recurrir a la pericia de Angustias en situaciones de emergencia y recordando al otrora amado Jacinto, una vez mas se repitió su frase favorita ya convertida en mantra :siempre lo mejor está por venir. Buena semana.
Y ya se sabe cómo es la mente, que encadena una palabra con otra y ya se veía Angustias en otra primera vez, en otro cielo que no era el que en ese momento surcaba y sobre unas nubes que distaban mucho de parecerse a las que sobrevolaba en ese momento en su asiento de responsable virtual: se encontraba en el séptimo cielo, en el reino del primer amor.Y allí estaba él, Jacinto, con los ojos rasgados, oscuros, alegres, la expresión saltarina y la sonrisa interminable.Y allí estaba ella, Angustias, riéndole y riéndose en aquella tarde de otoño, a la salida del instituto, a la salida de los 14 años, y a la entrada en lo que ya no era la Educación Obligatoria y que después se llamaría Secundaria, y a la entrada en las turbulentas aguas dominadas por Eros. Confirmando un tópico tras otro, su amor de quince años le produjo mariposas en el estómago, temblores que se expandían más allá del aparato digestivo, desamor, pasión, celos y tras veinte años ( que dicen que no es nada, pero que son veinte años) de fidelidad solo platónica, la consabida decepción cuando Jacinto dejó el mundo de las ideas y se hizo carne.Angustias se dio cuenta de cómo mejoraba el recuerdo la realidad y aún rememora la noche en la que soñó cómo cerraba la puerta a un Jacinto con pullover verde que se quedaba perplejo al recibir un delicadísimo portazo (ella siempre tuvo estilo) de su fiel admiradora.
Acabado el trayecto aéreo sin la necesidad de recurrir a la pericia de Angustias en situaciones de emergencia y recordando al otrora amado Jacinto, una vez mas se repitió su frase favorita ya convertida en mantra :siempre lo mejor está por venir. Buena semana.
EL VIEJO QUE CONTEMPLA EL CIELO QUE VA AL REVÉS
Angustias se incorporó a la fila única que formaba una
cola mediana en la pequeña sucursal bancaria.Su tarjeta de débito (que no de
crédito a la que por principio se negaba) resultó inoperativa en las dos
últimas compras lo que además del inherente contratiempo, la sumió en un estado
de rabia porque no hacía tres semanas que hubo de solicitar otra por un
supuesto deterioro en la banda magnética.Le llegó el turno de ser atendida y
con toda la calma de la que fue capaz expuso ante el gestor del capital la
situación.Buscaba saber dónde estaba el problema que parecía desactivaba el
valioso rectángulo. Tras cavilaciones varias, el burócrata de las cuentas
aclaró a Angustias que su tarjeta había superado el límite permitido de pagos
mensuales,independientemente de que hubiera dinero en su cuenta.Angustias,
sorprendida, aprendió que podía disponer de su dinero a través de la tarjeta
hasta un tope fijo cada mes, del que, curiosamente nadie le había informado,
práctica bastante habitual en estos parajes económicos. Quiso creer que porque
se le presuponía lo suficientemente inteligente como para adivinar lo que no se
le decía con la antelación suficiente a cualquier acción que le incumbiera,
porque lo otro había sido sentirse totalmente anulada, mas que la tarjeta ( ya
se sabe que eso tiene las creencias, su autoconstrucción es su fundamento
eficaz). Rió porque la habían llamado alguna vez bruja pero nunca vidente y
menos en el contexto financiero.
Pensó que realmente el mundo funcionaba al revés de la lógica y retrocedió en el tiempo a una tarde de noviembre, a un puente que unía dos barrios urbanos separados por un barranco, al que los del lugar llamaban el Barranquillo y recordó la figura de un anciano, mirada diamantina, brazos asidos a la sólida barandilla y cabeza negando una y otra vez. Su vecino Simeón cuyos brazos y piernas anormalmente cortos en relación al tronco y cabeza eran la herencia de un enanismo del tipo androplásico, se situó junto al viejo y le preguntó por la causa de su expresión de desconcierto.
El hombre solo dijo: "me desperté a las 7 como cada mañana y en vez de hacerse de día, está oscureciendo.El cielo va al revés. " Simeón, disimulando su risa comprendió que lo que el viejo entendía como sueño nocturno había sido una siesta prolongada y de ahí su perplejidad.Con paciencia llevó al despistado longevo a su casa donde Angustias lo recibió con un "¿Dónde estabas abuelo?."
Angustias saliendo de la entidad bancaria tristemente ascendida a la categoría de oráculo de Delfos ,pensó que las sensaciones son esclavas de las palabras que le dan sentido y que por eso era necesario estudiar muchísimo para comprender,era necesario estudiar muchísimo,era necesario estudiar, era necesario, necesario... Buena semana.
Pensó que realmente el mundo funcionaba al revés de la lógica y retrocedió en el tiempo a una tarde de noviembre, a un puente que unía dos barrios urbanos separados por un barranco, al que los del lugar llamaban el Barranquillo y recordó la figura de un anciano, mirada diamantina, brazos asidos a la sólida barandilla y cabeza negando una y otra vez. Su vecino Simeón cuyos brazos y piernas anormalmente cortos en relación al tronco y cabeza eran la herencia de un enanismo del tipo androplásico, se situó junto al viejo y le preguntó por la causa de su expresión de desconcierto.
El hombre solo dijo: "me desperté a las 7 como cada mañana y en vez de hacerse de día, está oscureciendo.El cielo va al revés. " Simeón, disimulando su risa comprendió que lo que el viejo entendía como sueño nocturno había sido una siesta prolongada y de ahí su perplejidad.Con paciencia llevó al despistado longevo a su casa donde Angustias lo recibió con un "¿Dónde estabas abuelo?."
Angustias saliendo de la entidad bancaria tristemente ascendida a la categoría de oráculo de Delfos ,pensó que las sensaciones son esclavas de las palabras que le dan sentido y que por eso era necesario estudiar muchísimo para comprender,era necesario estudiar muchísimo,era necesario estudiar, era necesario, necesario... Buena semana.
LAS GAFAS INDOCROMIC EN LAS QUE VERNOS COMO UN REFLEJO SINCRONIZADO
Angustias desayunó mojando el pan de leña calentito y
crujiente,untado de mantequilla amarilla y salada, en un café con leche, oscuro
y humeante.Se preparaba para una nueva jornada laboral colocándose las
lentillas y comprobando el mas que satisfactorio resultado final. Al contemplar
la mirada de esos ojos oscuros y brillantes que le devolvía el espejo le vino a
la cabeza cuando, de pequeña, sus padres decidieron apuntarse a la moda de las
gafas indocromic, "lentes orgánicas que cambiaban de color de forma
natural, bajo cualquier ambiente o intensidad de luz" según rezaba su
definición.La preadolescente no tuvo nada que objetar al cambio estético visual
pues su cabeza volaba por otros andurriales y así se encontró cierto día,
sentada en su pupitre escolar con el rostro contenido en un marco de pasta
marrón que albergaba los novedosos cristales de tan prometedoras expectativas
cromáticas.
Principiaba la primavera y la mañana fue levantando una panza de burro, típica de la ciudad portuaria en la que habitaba, pero mas propia de los meses estivales, cuando Angustias encontró frente a sí unos ojos que la miraban de forma insistente; esa visión que la visionaba le generó un doble desasosiego porque guiada por una isomorfía engrandecida, cualquier expresión ocular suya se reproducía automáticamente de forma aumentativa, delante de sí. Pasó varias horas intentando esquivar esas pupilas inquisidoras que le presentaban en bandeja todos los interrogantes vitales posibles; qué cuándo, por qué, para qué, cómo..... eran raciones de un menú de degustación para el que Angustias no estaba preparada.¿O tal vez sí?; lidiaba contra esas pestañas cuyo parpadeo sumía a Angustias en inquietante oscuridad semejante a la bajada del telón de la última representación humana.El caso es que en vista de que esa máscara la perseguía y fiel al sentido práctico que ya despuntaba en su carácter y que se manifestaría mas adelante, si bien con sonadas intermitencias,decidió estudiar la cuestión científicamente, lo que para ella era pensar con seriedad.Con mas miedo del que podría reconocer conjurándolo con una observación pausada y dispuesta a entender qué espectro se le había adherido a su contemplar, ensayando el efecto de quitarse y ponerse las gafas, concluyó que lo que acontecía no era sino el reflejo de sus ojos, aumentado por las lentes y oscurecido por el efecto fotosensible de las mismas.Respiró confortada y en secreto pasó a aceptar tan fantasmal compañía según los vaivenes solares hasta que las gafas indocromic, como todas las modas, fueron pasado. ¡Hartita estaba Angustias de las dichosas gafas pero lo sufrió en silencio como otros padecen calladamente hemorroides. !
Angustias ya adulta sonríe cuando sale de casa sin el reverbero omnipresente de aquella época de la niñez en la que se tropezó de frente con la búsqueda del sentido de la vida. Sonríe también porque cuando se da de bruces con trasgos de la aflición, espantajos de la pena , cocos del suplicio, polichinelas del dolor, títeres del malaje y demás destructivas criaturas, recuerda que la solución está en buscar otras gafas.Buena semana.
Principiaba la primavera y la mañana fue levantando una panza de burro, típica de la ciudad portuaria en la que habitaba, pero mas propia de los meses estivales, cuando Angustias encontró frente a sí unos ojos que la miraban de forma insistente; esa visión que la visionaba le generó un doble desasosiego porque guiada por una isomorfía engrandecida, cualquier expresión ocular suya se reproducía automáticamente de forma aumentativa, delante de sí. Pasó varias horas intentando esquivar esas pupilas inquisidoras que le presentaban en bandeja todos los interrogantes vitales posibles; qué cuándo, por qué, para qué, cómo..... eran raciones de un menú de degustación para el que Angustias no estaba preparada.¿O tal vez sí?; lidiaba contra esas pestañas cuyo parpadeo sumía a Angustias en inquietante oscuridad semejante a la bajada del telón de la última representación humana.El caso es que en vista de que esa máscara la perseguía y fiel al sentido práctico que ya despuntaba en su carácter y que se manifestaría mas adelante, si bien con sonadas intermitencias,decidió estudiar la cuestión científicamente, lo que para ella era pensar con seriedad.Con mas miedo del que podría reconocer conjurándolo con una observación pausada y dispuesta a entender qué espectro se le había adherido a su contemplar, ensayando el efecto de quitarse y ponerse las gafas, concluyó que lo que acontecía no era sino el reflejo de sus ojos, aumentado por las lentes y oscurecido por el efecto fotosensible de las mismas.Respiró confortada y en secreto pasó a aceptar tan fantasmal compañía según los vaivenes solares hasta que las gafas indocromic, como todas las modas, fueron pasado. ¡Hartita estaba Angustias de las dichosas gafas pero lo sufrió en silencio como otros padecen calladamente hemorroides. !
Angustias ya adulta sonríe cuando sale de casa sin el reverbero omnipresente de aquella época de la niñez en la que se tropezó de frente con la búsqueda del sentido de la vida. Sonríe también porque cuando se da de bruces con trasgos de la aflición, espantajos de la pena , cocos del suplicio, polichinelas del dolor, títeres del malaje y demás destructivas criaturas, recuerda que la solución está en buscar otras gafas.Buena semana.
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