domingo, 16 de julio de 2017

Nº 209. PULSACIÓN


Nº 209. PULSACIÓN
Bajo el cielo azul, pasa la vida. No busca asiento. Serena o turbulenta, discurre por las amplias estancias del pensar y por los recovecos del sentir.
Bajo el cielo gris, pasa la vida. Errante y perseguidora, no toma respiro pariendo el futuro de las huellas.
Bajo el cielo veraniego, pasa la vida. En un aparente desperezo interminable, se adereza con sal y arena.
Bajo el cielo invernal, pasa la vida. En el calor del hogar, crepita como troncos generosos y ardientes.
Bajo el cielo, uniforme o policromado, la vida alumbra latidos: sístole a sístole, diástole a diástole. La existencia palpita.
Abrazar esta pulsasión es el buen hacer del arte. De ahí su necesidad. Buena semana.


domingo, 9 de julio de 2017

Nº 208 EL CUARTO DE ATRÁS


El cuarto de atrás, en el comienzo del invierno, se vio invadido por goteras que hicieron imposible su habitabilidad. Sin calor humano más allá del que desprendiera como efímero lugar de paso entre la cocina y el patio, se volvió húmedo y frío. Los muebles fueron sustituidos por palanganas y cubos donde quedó recluida la lluvia filtrada. Las paredes lucían desconchados tristes y amorfos. El cuarto de atrás olía a derrumbe.
El cuarto de atrás en el comienzo de la primavera se vio invadido por la llegada de un mobiliario, acogedor rolando a austero. Reparados los destrozos ocasionados por la pasadas tormentas, la pintura apacible que lo envolvió , contemplaba respetuosa, la entrada, el recorrido y la salida del laberinto vital o la gymkhna de turno a la búsqueda de un orden que remodelara el barro del acierto y del desacierto. Cada noche, se acumulaban en los rincones, como peces en la pecera, pensamientos y sentires de quienes deseaban la reconfortante compañía de la hermandad. El cuarto de atrás olía a complicidad.
El cuarto de atrás, en el comienzo del verano, se vio invadido por la cercanía de las vacaciones. El aire acondicionado esparcía por la habitación un frescor que la estación desmentía. Llegó el momento de echar el cierre temporal y quedó, entonces, habitado por el silencio y la penumbra, en una hibernación atípica. El cuarto de atrás olía a viraje.
El cuarto de atrás, en el comienzo del otoño, se vio invadido por la expansión de sus fronteras. Una escalera de caracol, eficaz y de diseño, comunicaba las estancias en las que se había duplicado el lugar. La luz del día menguante buscaba la inmortalidad en artificiales lámparas brillantes. Las alfombras trocaban en surcos, testigos mudo del andar que atesoraban huellas tatuadas. El cuarto de atrás olía a comienzo.
El cuarto de atrás, ese espacio imprescindible que se recorre, de vez en vez. Buena semana.



domingo, 2 de julio de 2017

ANº 207 CERRAR LA HERIDA…NO CERRAR LOS OJOS



Aurora concentró su atención en la respiración. No resultaba sencillo pues el calor que exhalaba la luz de las lámparas del techo iluminando el quirófano, distraía su intento de fijar la mente en la inspiración prolongada que la cirujana le aconsejara, a fin de que el pinchazo de anestesia fuera lo menos doloroso posible.
Aurora recurrió a la disciplina interiorizada en la práctica deportiva y sincronizó la entrada del aire con la del líquido adormecedor. Se iniciaba la operación de párpados. Mantuvo en las dos horas siguientes, la posición decúbito supino, agudizados el oído y el olfato, para descifrar cuanto acontecía en aquel espacio transformador.
Aurora comprendía las indicaciones del personal sanitario mientras el dedo corazón quedaba atrapado en una pinza, el brazo derecho era engullido y regurgitado por una especie de oruga acolchada de respiración compulsiva y la pierna izquierda alojaba una banda gélida y gelatinosa. Así eran controladas sus constantes y sus variables.
Aurora se repuso de la intervención quirúrgica según el plazo previsto y, semanas después, se encontraba en un entorno rural, plácido, rodeado de montañas, disfrutando de unos días de asueto.
Aurora parpadeó regocijándose de que la reciente operación no dejara huella externa. Sonrió al recordar la letra de una canción, popular décadas atrás, en la que el lúcido autor proponía “ cerrar la herida y no cerrar los ojos”. Jugó con la ortografía y trocando la consonante inicial del verbo, abrazó la creatividad diciéndose que en la vida hay experiencias que, al devenir en heridas, era saludable cerrar y otras, serrar (fueran o no, maderitas de san Juan) y confeccionó una improvisada lista de ambas. Tenía constancia de que en caso contrario, el desenlace no guardaría misterio alguno: infección y extensión de la misma.
Aurora respiraba el aire fresco de la tarde que junto al cielo azul anunciaban un crepúsculo remolón y maquillado con tonalidades púrpura y anaranjada. Se dijo que, herida más o herida menos, lo importante era no cerrar los ojos, los del rostro y los de la comprensión, que permiten reconocer tanto en la cicatriz casi imperceptible como en la visible a simple vista, el vestigio de un aprendizaje importante; algo así como la certificación rigurosa de la competencia esencial.
Aurora se experimentó como microscopio potente y se empeñó en descifrar muescas y costurones otrora momentos dolorosos que con el tiempo, alumbraron momentos gozosos. Y lo hizo de cerca y con los ojos abiertos. Satisfecha, sonrió. Buena semana.

AGGNNN

domingo, 25 de junio de 2017

Nº 206 .METAMORFOSIS

Daniel  descansó lo que la ola de calor permitía. A su lado, dormía, plácida, la mujer de sus sueños y de sus despertares.
Daniel transitó el día como si el mundo hubiera quedado mudo. Era una sensación que, de vez en vez, le acontecía. Entraba en una especie de trance aunque no pusiera los ojos en blanco, ni tuviera convulsiones, ni levitara. Simplemente no tenía ganas de oír.
Daniel realizó con eficacia sus obligaciones y disfrutó de sus devociones .Como hacía normalmente. Al menos en apariencia.
Daniel sabía que había llegado el momento que, recurrente, le indicaba un giro copernicano en su devenir.
Daniel recorrió los sitios habituales, pero sus pies andaban sin que él tuviera opción de mando. Conversó con quienes solía charlar aunque su voz le era ajena. Comió su comida favorita y el gusto harto familiar se le antojaba exótico.
Daniel se fue adormilando con la llegada del crepúsculo junto al cuerpo tantas veces recorrido y saboreado.
Daniel soñó esa noche con hilos de seda que le enrollaban hasta la momificación. Podía sentir de manera vívida cómo le atenaza la venda envolvente.
Daniel, paradójicamente estaba tranquilo. Experimentó la soportable levedad de su ser y supo que principiaba de otra forma.

Daniel descansó lo que la ola de calor permitía. A su lado, dormía plácida una hermosa mariposa. Al alba el sol de la mañana refulgió en las alas escamosas de dos lepidópteros  entrelazados. Buena semana. 

domingo, 18 de junio de 2017

205 INNECESARIO REGOMEYO: NO ES UN FAVOR, ES UN DERECHO.

Soraya vuelve a medir el largo de la estancia en la que permanece una hora sin que tenga noticias de lo que ocurre al otro lado de la puerta, cuyo acceso está restringido a todo personal ajeno al servicio. En su cabeza bulle un sinfín de pensamientos caóticos semejantes a ollas a presión a punto de estallar.
Soraya ha llevado a su padre al servicio de urgencias. El anciano no respira bien. El anciano no sabe que no respira bien. En los últimos tiempos ella ha sido su puente con el mundo aprendiendo a comprender lo que en los ajados labios sonaba de manera ininteligible y lo que expresaba con gestos y miradas Y ahora, el hombre no la tiene junto a él.
Soraya habla con la enfermera y le explica la situación del viejillo. La sanitaria, con el corazón en la mano, le permite permanecer junto al hombre, dejándole claro que se trata de un favor.
Soraya no está para discusiones y menos con una persona tan amable. Ella quiere tomar la mano delgada y arrugada y darle tres pequeños golpitos en la palma rememorando un lejano juego infantil que esconde entrañables complicidades.
Soraya necesita esforzarse en guardar silencio pues no ha hecho de la contención una seña de identidad. Se coloca junto a la camilla y, ajena al trasiego que pretende mitigar dolores, se enfoca en acompañar a su padre manteniendo el contacto visual, cuando los párpados se levantan, a modo de telón, y dejan ver un ver huidizo que desaparece en breves segundos, oculto tras un grueso cortinaje de piel.
Soraya pasa día y medio en aquel lugar de apremios. El oxígeno y la medicación han hecho su efecto positivo refrendado por placas y análisis. Se despide con agradecimiento del personal sanitario, feliz en el retorno a la rutina doméstica. Se siente afortunada por haber conseguido estar aquella interminable y prolongada jornada junto a su ser querido. ¡Qué gran favor le ha hecho la vida!- se dice agradecida a todo cuanto le rodea.
Soraya ignora que tiene derecho a asistir a su progenitor. Ignora que más allá de la buena voluntad, existe el artículo 9 de la Ley de Ordenación Sanitaria de su Comunidad Autónoma que le ampara.
Soraya, si desconoce una ley que contraviniera, habría de asumir que el desconocimiento de la ley no le exime de su cumplimiento. Y así, se le recordaría desde instancias varias. En cambio, si desconoce un derecho que le protege, no hay posibilidad de ejercerlo. Y, no hay una categoría laboral cuya función estribe en detectar dicha ignorancia, informar y facilitar su cumplimiento.
Soraya ignora la legalidad de lo que su sentido común sabe. De no ser así se hubiera evitado el regomeyo innecesario padecido, pues ya tenía bastante con digerir el imprevisto. Probablemente no es la única de todas las personas con las que se ha relacionado este día, incluida la de corazón generoso, que desconoce que no se trata de un favor, sino de un derecho.

 Enseñar esta distinción constituye la grandeza de la democracia. Buena semana.



domingo, 11 de junio de 2017

Nº 204 UN HOMBRE SENCILLO

Amancio es un hombre sencillo. Está parado ante una pantalla de considerable dimensión. Pertenece a una tienda que oferta atractivas novedades en las nuevas tecnologías. El macro televisor transmite un debate que enmudece al traspasar el cristal del expositor.
Amancio reconoce en la tertulia televisiva y mañanera el rostro de políticos nacionales; divertido, se entretiene anticipando sus gestos, adivinando su discurso, leyendo unos labios que se mueven entre el arrebato y la mal llevada contención. Parece un espectáculo de ventrílocuos.
Amancio no ha tenido nunca inclinación por la gestión pública. Pero admira a quienes se comprometen en hacer del bien común su objetivo laboral.
Amancio es portero de un bloque de viviendas. Heredó el puesto de su padre y sabe que con él acabará la tradición; sus hijos se han situado en otras ocupaciones lejanas de las de la atención constante a la comunidad que puebla el edificio , lugar de juegos de su infancia.
Amancio es un hombre sensato. Le gusta charlar con los inquilinos de los pisos de su vecindario. Se ha convertido en alguien entrañable para las distintas familias que día a día le encuentran en el rellano o por otros andurriales de las zonas comunes.Cuentan además con su eficacia para los espacios privados, con tan solo ir al portal y tocar en la puerta situada a la izquierda.
Amancio, esta mañana, se distrae del motivo que le ha llevado al centro comercial. No ha podido impedir picar en la carnada digital. Su mente, sabia tras haber resistido los vaivenes venidos a tsunamis, que la vida le brindó en dosis generosa, se pone a maquinar. Y a poco, aparecen algunas ideas que no son políticamente correctas pero que él siente que de aplicarse, otro gallo cantaría; y no desafinaría.
Amancio se viene arriba e imagina un pliegue de condiciones necesarias para que una persona ejerciera toda tarea política. Un documento en el que se estableciera el protocolo para representantes de distintos rangos en situaciones comunes al resto de la sociedad civil.
Amancio aprieta los labios, se rasca la frente con el dedo corazón e inicia la lectura virtual de aquel escrito. Según éste, la persona vinculada a la gestión pública se compromete a ser usuaria en urgencias, centros de salud y hospitales públicos, si enfermara, guardando el orden en la lista de espera requerida. Asimismo, ha de haber estudiado en colegios, institutos y universidades del Estado; en caso de tener descendencia el requisito se amplía a la prole. Y …….
Amancio interrumpe su creatividad humanista cuando recibe una llamada de su mujer, que se interesa por el recado que se suponía estaba realizando su esposo.
Amancio, tras el momento de euforia colectiva, retorna a su quehacer privado; regresa a su portal dispuesto a revisar las tuberías del 3º derecha. Hoy tendrá mucho que hacer para que la normalidad sea la norma en su lugar de trabajo. Sin estridencias, sin prisas pero sin pausas..Así contempla la vida, con la caja de herramientas en la mano y su saber estar. 
Amancio comprende que hay que saber y hay que estar. Buena semana.




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domingo, 4 de junio de 2017

Nº 203. ALEGRÍA … SERENIDAD

Elisa entra en el bingo. Se hace con cuatro cartones. Los despliega en la mesa que, generosa, los acoge.
Elisa centra su atención en los rectángulos con dígitos que, en modo Guadiana, aparecen y desaparecen a lo largo de los polígonos trocados en lotería.
Elisa nunca había estado en un lugar de esas características. No es una mujer de azares; más bien es de causas.
Elisa, hoy al pisar la calle, se dijo que haría algo nuevo. Algo que no concordara con su forma de ser. Algo que le enseñara otro modo de estar en la vida.
Elisa es una mujer de ciencias. Ha recibido premios a su labor investigadora. Es una mujer cuyo trabajo es reconocido. Pero hoy Elisa viste otra piel.
Elisa escudriña el local, el paisaje humano.Se siente parte de un ecosistema donde la sostenibilidad se redefine.
Elisa echará un par de horas en aquel gran salón sin ventanas. Con paredes que albergan grandes pantallas y una voz en off, femenina, que , cual sacerdotisa Hipatía, , desentraña los designios de la diosa Fortuna.
Elisa concluye su aventura. Ganó. Invirtió el premio .Perdió. Pero ella se siente triunfante. Ha sido otra, que también es ella. Sin algarabía ni desasosiego. Solo con alegría y serenidad. Buena semana.